En general, nos han enseñado a reprimir lo que no queremos sentir. En cambio, nos suele costar bastante generar los estados deseados.
Normalmente esperamos a estar en un estado, para empezar a pensar acorde a ese estado, en lugar de generar pensamientos que nos impulsen a sentirnos como deseamos.
Por ejemplo; esperamos a ser felices para tener pensamientos alegres. Cuando en realidad son los pensamientos alegres los que provocarán la felicidad.
Por lo tanto, el pensamiento no es algo inocuo ya que aquello en lo que piensas y diriges tu atención, genera emociones acordes a dichos pensamientos.
Debemos darnos cuenta también que reprimir algo es prestarle atención, ya que debemos vigilar lo que pretendemos reprimir. Por lo tanto, estamos prestándole atención aunque tenga el sentido de negación y dicha atención generará emociones acordes a lo que se trata de reprimir.
Otro punto que también debemos tener en cuenta es, que los estados emocionales se autoperpetuan generando el mismo tipo de pensamientos, de ahí la importancia de romper el ciclo y focalizar nuestra atención en otro tipo de pensamientos más acorde a cómo deseamos sentirnos.
Sintetizando un poco todo, la regulación entre los estados emocionales y los pensamientos es bidireccional, ambos se generan el uno al otro y se autoperpetuan.
Tomar conciencia de ello nos hace comprender la importancia que tiene el que nos responsabilicemos de nuestros pensamientos, ya que hacerlo nos proporciona un mayor control y mejor manejo de nuestras emociones.
La clave para realizar los cambios es la atención.

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